Miradas que hablan

Seguro que en alguna ocasión nos hemos visto en la tesitura de preguntarle algo a alguien y sus palabras se contradicen con lo que su mirada nos da a entender. Y es que, en realidad, por mucho que queramos, éstas no mienten.

Por el contrario, ¿qué sucede cuando nuestra mirada se fusiona totalmente con lo que decimos?. Que se crea algo especial, nuestro YO se hace transparente y cristalino a los ojos del otro y recuperamos por un instante la mirada del niño que fuimos y se perdió con el transcurso del tiempo.

¿Y qué hay de la opia?, esa extraña necesidad de mirar a alguien a los ojos, lo que puede dar al mismo tiempo una sensación invasiva y vulnerable. De pronto, te percatas de que un desconocido te está mirando fijamente y esto te genera cierta inseguridad, llegando a desear en ese momento poder leer su mente, o querer descifrar esa mirada escrutadora.

Podemos deducir el estado anímico de una persona con tan sólo un cruce de miradas. En muchas ocasiones, las miradas expresan más que las palabras, por lo que éstas se hacen innecesarias. Así, nos habremos topado con esa mirada triste, como sin vida, la cual nos conmoverá. La feliz, que sin más, nos contagiará o al menos intentará contagiarnos su estado pletórico; la ausente, la cual, aunque parezca tenerte como objetivo, se capta lejana, cuyos pensamientos están a años luz de nosotros; las que matan, las cuales nos transmitirán sentimientos negativos como odio, rencor, recelo… La ingenua y tantas otras que nos ocuparían todo el blog.

Y todos estos pensamientos me vienen porque últimamente me suelen decir con bastante frecuencia que mi mirada transmite felicidad. Y eso no se debe a otra cosa que al simple hecho de ser feliz. No sé cuánto tiempo durará este estado de felicidad, pues al fin y al cabo se dice que esta no llega a ser completa, sino que se compone de pequeños momentos, pero eso ahora da igual. No voy a pensar en que ésta tendrá su fin, porque aún siendo consciente de ello, tan sólo quiero disfrutar de este estado mientras dure. Al fin y al cabo, sería bastante retorcido por mi parte estar lamentándome al pensar que este estado anímico no será infinito, que tiene su caducidad, su término, su fin…. Porque ahora no toca pensar en eso…

Y es que a lo largo de nuestra vida nos encontraremos (o mostraremos) miradas falsas, como cuando alguien a quien no consideramos suficientemente merecedor es ascendido en el trabajo, o miradas verdaderas, aquellas que se alegrarán del triunfo ajeno, aún a sabiendas de que el propio tendrá que esperar.

Pero en este momento me quiero quedar con mi mirada feliz, esa mirada infantil que por mucho esfuerzo que ponga no logra llevar a engaño. Y porque con esta mirada, quiero contagiar a todos aquellos que me rodean; aquellos que sufrieron con mi mirada triste, esa que hoy queda en el olvido, antigua, vetusta, añosa, arcaica, remota. Quiero que te percates de mi mirada renovada, fresca, extraña, inexperta y que te contagies de ella.

“Las palabras están llenas de falsedad o de arte: la mirada es el lenguaje del corazón.”

– William Shakespeare

Imagen http://www.pexels.com

15 pensamientos en “Miradas que hablan

  1. Imagino esa mirada feliz tuya con las palabras que escribes, Cristina, que son palabras que podrían “estar llenas de falsedad o de arte”, si; pero que se nota que han sido “miradas” y, por lo tanto, traducidas al “lenguaje del corazón”.
    Tambien hay miradas que escriben. No tengo duda.
    Un abrazo

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