Para ti, mamá

Hoy es tu día y sin embargo, pasará como otro cualquiera. Siempre ha sido así, somos personas de costumbres. Pero a pesar de ello, ahora que tengo este medio para hacerme llegar a lugares remotos, he querido plasmar en estas frases lo que significas para mí. Y créeme si te digo que, a pesar de las dificultades por las que hayamos tenido que transitar, este reto no es tan fácil como pareciera. ¿Cómo resumir en un relato toda una vida sin dejarme nada suelto? Así pues, intentaré concretar en unas líneas que, sin tu ayuda y perseverancia, nunca hubiese llegado donde estoy hoy.

Y es que, hace poco más de cuarenta y cinco años que llegué al mundo, y ya auguré de alguna manera que sería una chica “guerrera”.

Años antes ya habías sentido las dobleces de la vida. Nada más casaros papá y tú (allá por Agosto del 65), emprendisteis viaje hacia tierras extranjeras en busca de un futuro mejor, como la mayoría de la gente de aquella época. El idioma y la añoranza no fueron obstáculos fáciles de salvar, pero no obstante, quedaban muchos sueños que realizar y todo un futuro que construir por delante.

A los pocos meses y ya establecidos en el país de los tulipanes, quedaste embarazada y, debido a las molestias propias de tal estado, regresaste al hogar familiar dejando allí al futuro padre. Una nueva vida venía de camino, y había que aprovechar cualquier buena racha que permitiese alquilar una habitación, comprar un colchón y alimentar a una nueva criatura. Poco antes de dar a luz, papá regresó de aquel país que bien le acogió y emprendisteis juntos una nueva etapa. Para ello, tendríais que emigrar de nuevo de aquella tierra que, si bien os había visto nacer y la partida fue dura, no tenía más futuro que la dedicación al duro trabajo de la ganadería. Así fue como os establecisteis definitivamente a las afueras de la capital e invertisteis todos vuestros ahorros. Una apuesta que no era segura, ya que nadie sabía qué pasaría; un riesgo que, sin duda alguna, valió la pena correr. Pusisteis todo vuestro empeño en que aquel pequeño negocio bar-ultramarinos siguiese adelante tras la jubilación de su anterior propietario. Y así empezaríais vuestra verdadera vida en común, lejos de vuestras familias, con una niña recién nacida y con un negocio al que atender sin horarios ni días festivos.

Pasaron los años y el destino quiso que naciese yo, no sin dar guerra, como ya he dicho anteriormente. Y es que soy Aries, (dicen que nos caracterizamos por ser rebeldes), así que nada más llegar al mundo di a conocer mi carácter y mis ganas de luchar.

Así, el tiempo iba transcurriendo no exento de las experiencias duras de toda una vida. Una nueva inversión en la primera vivienda familiar, dos niñas pequeñas a las que sacar adelante y un negocio que casi exigía la mayor parte de las horas del día. A pesar de todo el trabajo y sacrificio empleado para seguir adelante, siempre os considerasteis afortunados; y siempre teníais tiempo para nosotras, vuestras hijas. Bien es cierto que el negocio lo facilitaba, pues pasábamos muchas horas jugando a su puerta, por lo que puedo considerarme dichosa de haber podido disfrutar de vuestra compañía cuando lo requerí, fuese la hora que fuese.

Y así se fueron marchitando los años, con pérdidas irreparables que se quedaron en el camino. El abuelo, la abuela, papá o tú querido hermano… Y cada pérdida dejó un vacío, una herida en el corazón, una fisura en el alma. Pero la vida es así, y guardaste tu dolor cual ladrón guarda su tesoro. Y aún así, el destino querría ponerte más a prueba, y llegó en forma de mi enfermedad; y no te rendiste. Y tú, junto con otras personas que llevo en mi corazón, te hiciste la fuerte, no permitiendo incluso que yo cayese en la desesperanza. Porque si algo has demostrado, mamá, además de tu amor incondicional, ha sido tu gran fortaleza ante las adversidades. Y si hoy, tras tantos años de sufrimiento, estoy recuperándome, en parte es “culpa” tuya. Porque no me dejaste caer; fuiste mis fuerzas cuando a mí ya no me quedaban; mi esperanza cuando la mía se había quedado por el camino, mi motor cuando me encontraba realmente agotada, y vida cuando creí que la mía se apagaba.

Por todo ello, mamá, no sé cómo darte las gracias, de qué manera encontrar una recompensa a tanto sufrimiento. Aunque sé a ciencia cierta que, como cualquier otra madre, lo volverías a hacer aún si te quedasen mil vidas por latir.

Hoy es tu día, pero ¿por qué no celebrarlo todo el año…?

Te quiero mamá.

“El ejemplo tiene más fuerza que las reglas.”
– Nikolái Vasílievich Gogol

Imagen http://www.pexels.com

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9 pensamientos en “Para ti, mamá

    • Muchas gracias Paulo. Bueno, como digo en el post, soy un signo de carácter jajaja. Pero sí, ambas somos afortunadas de tenernos la una a la otra. Abrazo fuerte.
      🙂

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