Atisbando el sol entre las nubes

Ya han pasado veintisiete largos años desde que se instalara el invierno en mi vida. Jamás hubiese imaginado que este se iba a prolongar durante tanto tiempo, se incrustaría en mis huesos y formaría parte de mí. Pero aún así, nunca perdí la esperanza de ver de nuevo brillar el sol. Algún sentido debía de tener ese famoso dicho que siempre escuchaba en mi entorno “Después de la tormenta siempre llega la calma”. Sin duda, cuando menos lo esperase ésta llegaría, el sol me cegaría y las flores volverían a brillar en mi jardín. Pero yo, cual experto jardinero, solo debía de tener paciencia. Como aquel que, una vez plantado el bambú japonés, espera y desespera día tras día regándolo con esmero y, perdida la esperanza tras siete largos años, ve con sorpresa su fruto brotar.

Y es que, al igual que las plantas necesitan de unas robustas y largas raíces para crecer, las personas necesitamos tener una enorme seguridad en nosotros mismos para avanzar. Y pareciendo fácil no lo es. Saber hacia dónde dirigir mis pasos y, por muchos obstáculos a derribar, no cejar nunca en el empeño; ver a mis amistades volar hacia otros lugares y hacerme inseparable de esa vacía compañía que es la soledad; sentir que algo no encaja en mi mundo y, por temor, esconderme cual caracola lo hace en su concha. Y saber que algo no va bien, aún sin saber exactamente qué; y sentirme aislada aún estando rodeada de gente o embriagada en cuanto tomo contacto con el mundo exterior.

Hace unos días que me siento especialmente feliz, pues después de mucho tiempo, empiezo a atisbar el sol entre las nubes; el invierno parece alejarse a pesar de querer sorprenderme con alguna repentina tormenta. Pero, a pesar de ello, sea esta  bien recibida para limpiar las impurezas acumuladas en el tórrido ambiente, paliar la sed de la  ansiosa naturaleza y recordarme a mí misma en tiempos peores. Aquellos en los que todo era triste, gris, exangüe…

Por fin voy vislumbrando la salida, encontrando amig@s en el camino, descubriendo pequeñas metas con las que retarme día a día, recuperando momentos perdidos… Que mientras hay vida hay esperanza, la esperanza es ilusión, y la ilusión es el motor de la vida. E ilusión es lo que a mí me sobra. Ilusión por dejar lo malo atrás, por levantarme cada día teniendo algo que contar, por disfrutar de los rayos de sol acariciando mi piel y de la lluvia refrescando mi cara, por seguir encontrándome gente que me cuente cosas que me sorprendan y, simplemente, porque sí .

Por fin estoy atisbando el sol entre las nubes, ese al que le ha costado tanto salir. Y cada día le daré las gracias, pues a pesar de hacerse tanto rogar, nunca perdí la esperanza.

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.”

– Khalil Gibran

Imagen http://www.pexels.com

11 pensamientos en “Atisbando el sol entre las nubes

  1. Pues sí, paso a paso, se anda el camino y se va aprendiendo sobre la marcha, así que muy bien Cristina.
    Hablando del tiempo, tal como está la cosa, hasta el 40 de mayo… Pero ese sol también está ahí aunque no lo veamos.
    Saludos

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