Sin etiquetas

Estamos acostumbrados a estar etiquetándonos continuamente… En cualquier red social, en el móvil, e incluso es nuestra vida cotidiana. Y es que parece que nos costase un verdadero triunfo conocer a la gente por su nombre. Es habitual escuchar: el panadero, la hija del que tiene el bar en la esquina, alt@, baj@, delgad@…. En fin, todos imaginamos cómo continúa. ¿Nos hemos vuelto perezosos o es simple amor a la ignorancia?

No sabría con cuántas etiquetas me he encontrado hacia mi persona. “La que se desmaya, la loca, la rara, la que se cae…”. Al principio me dolía… Hace mucho tiempo aprendí a despojarme de etiquetas, a no darle importancia a cómo me etiquetaran. ¿Qué más me daba?. Lo único que daban a entender era la ignorancia, no ya de mi nombre, sino de mi propia realidad. ¿Acaso debía de dar explicaciones de lo que me pasaba?. Me cansé de esa etapa. Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo. Sin más, no pasa nada…

En uno de mis últimos contratos, una compañera estuvo de baja por un largo período de tiempo. A su vuelta, habían cambiado muchos programas informáticos, y ahí estuve yo ayudándola a ponerse al día. Al igual que en su momento, ella hizo conmigo. Pasados 3 o 4 días, y no sé aún por qué motivo, me dijo que no se explicaba cómo podía estar trabajando con la enfermedad que tenía. Yo, incrédula, me la quedé mirando y serenamente contesté: “Y yo no entiendo como una persona con un trabajo temporal como yo tiene que enseñar a una funcionaria pública como tú a hacer bien su trabajo”.

Desde entonces, de alguna manera, mi forma de pensar empezó a cambiar. Me di cuenta de que me había acostumbrado a que la gente me etiquetara como la “chica enferma” sin manifestar mi brutal desagrado, tragándome esa ira y guardándola dentro de mí. Sí, tengo una enfermedad, pero esta no es tan distinta a tantas otras. A diario nos tropezamos con personas que tienen diabetes, migrañas, vértigos, enfermedades cardiovasculares, cáncer, EPOC, epilepsia… Ufff, mejor esta no mencionar, porque muchos salen despavoridos. Quien esté leyendo estas palabras se preguntará cómo puedo estar tan segura de eso, y es por el hecho de que durante muchos años estuve diagnosticada de ello. Y mucha gente (y recalco lo de mucha, sin decir “en general”, que creo sería más contundente), me daba la espalda. Hace tiempo el diagnóstico cambió y, si te has pasado por el apartado del blog “Acerca de”, sabrás ya que sufro de Agorafobia. Este diagnóstico no deja de ser eso con respecto al mundo que me rodea; no es más que un término. Sin embargo no entiendo por qué la gente le da más importancia de la que tiene y tienen que seguir poniendo etiquetas. Simplemente soy Cristina, sin etiquetas.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”.

– Ortega y Gasset

 

Imagen http://www.pexels.com

21 pensamientos en “Sin etiquetas

  1. Hummmmmmm, no sabría que añadir más ,si acaso que las etiquetas parecen formar parte de nuestro día a día por desgracia…..agarafobia, bueno, yo soy calvo, mayor de 35, corpulento, con gafas……y podría seguir añadiéndole etiquetas, pero a pesar de ellas, seguiría siendo yo mismo.
    Genial artículo.

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  2. Me ha costado bastante entrar a “Relatos desde mi ventana” -tengo que confesar que soy un poco manazas en el asunto informático-.“Sin etiquetas” es lo primero que leo y me gusta… qué digo: ¡me encanta!
    Seguiré leyendo, Cristina.
    Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

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