Soñar cosas idiotas

Galianaescritora

La vida se nos va en soñar, en soñar cosas idiotas como por ejemplo la felicidad. Tanto soñamos con ella que nos olvidamos de vivir la vida, y así nos va. Un buen día nos despertamos del sueño dándonos de bruces con la realidad. Caemos en la cuenta que nuestro error estuvo en no comprender a tiempo en que la receta para encontrar la felicidad consistía en no buscarla.

Lo teníamos delante de las narices y no lo vimos, con que llegados a este punto sucede lo de siempre, en lugar de tirar para adelante y aprender de nuestros fallos nos da por cometer otro peor si cabe. Somos tan orgullosos que conjugamos el verbo odiar para tapar el asuntillo de haber perdido la mitad de nuestra vida soñando con el tema de la felicidad.

Odiamos de lunes a domingo, o de domingo a lunes según nos convenga. Odiamos con…

Ver la entrada original 296 palabras más

Anuncios

La maldita línea imaginaria

Cooperación con Alegría

frontera

Tú,  maldita entre las malditas,

Invento esquizofrénico,

un mal arsénico

de muerte jamás escrita

Guerras, torturas, mutilaciones…

Vidas minadas

Siempre justificadas

En tu imaginario nombre

Toda sangre por ti derramada

Va diluyendo todo derecho y dignidad

A su paso con asombrosa brutalidad,

convirtiendo todo en letra mojada.

Maldita seas por el nuevo holocausto,

Aunque culparte a ti no es justo,

sino a quienes te “crearon “

perdón…, te “creamos”.

Quiero ir al “otro” lado

Y descubrir que ya no hay “otros”,

Que “uno” somos todos

Al fin, hermanos

El día en el que no luchemos

por la dignidad, derechos, riqueza de los de un solo lado,

A costa de robársela al otro lado colonizado;

el día que de nuestra mente la línea desanclemos.

Nuestra frontera interior

Es de todas ellas la mayor

Ver la entrada original

La tormenta

Galianaescritora

Fuera está lloviendo. Es tan sólo una tormenta de verano, pasajera. Mucho relámpago, mucho trueno, mucha gente gritando y corriendo en busca de refugio. Todo muy espectacular, muy rápido, muy del momento. No dejará huellas.

Dentro está lloviendo. Una tormenta que se veía venir, estalla en el peor instante, para estas cosas nunca hay momentos perfectos. Los turnos son perceptibles en la calle pero nadie parece escuchar. Los habitantes de la casa no tienen donde refugiarse del aguacero que les cala a pesar de llevar la ropa seca.

Fuera hace tiempo que dejó de llover. Las gentes pasean con normalidad. Se escuchan risas de niños. El sol brilla.

Dentro la tormenta ha cesado. Hay destrozos irreparables. El sol tardará en volver a salir.

Galiana

Ver la entrada original

URGE: ENVIEMOS LUZ.

serunserdeluz

Una querida amiga, si no de todos, de la mayoría de esta comunidad, me pidió que le enviara mucha luz porque están pasando por momentos oscuros.

También me pidió una cadena de blogueros nobles para enviarle mucha luz.

Se trata de IrlandaIrlanda y Marcial Candioti que viven en Argentina.

Así que la petición está hecha, por favor envía luz, oraciones o tus mejores deseos para Irlanda, Marcial y para toda Argentina y los países en problemas, ya que la luz alcanza para todos.

Si puedes, comparte este post o haz uno tuyo y publícalo para que llegue a más personas de buena voluntad.

Abrazos de luz para todos.

Silvia

Serunserdeluz

Ver la entrada original

Belleza

En muchas ocasiones nos complicamos la vida en búsqueda de la felicidad sin darnos cuenta de las “pequeñas grandes” cosas que tenemos alrededor.

“Verde es el color principal del mundo, y a partir del cual surge su hermosura.”
– Pedro Calderón de la Barca
Imagen de autoría propia

La fuerza reparadora de un abrazo

Cualquiera que se asomara hoy a la ventana y no fuera consciente de la estación en la que estamos juraría que era pleno otoño. Después de unas jornadas de calor sofocante, amaneció prometiendo otro magnífico día de agosto; sin embargo, las nubes cubrieron el cielo y pronto empezó a diluviar. Y aquí en la montaña, los cambios de temperatura a veces son tan drásticos que se puede pasar en horas de la búsqueda de refugio a la sombra a la necesidad de acurrucarse al calor de una manta en el sofá. Ahora puedo decir que tampoco se está tan mal frente a la chimenea y tratando de contar cómo me siento hoy.

Siempre que en el colegio me mandaban hacer una redacción recuerdo que lo odiaba; un tema obligatorio me parecía una tortura. Sin embargo hoy en día, sin obligaciones sobre el qué contar, para mí las palabras fluyen rápidamente como una forma de exteriorizar lo que pasa por mi mente, imaginando que tuviese a alguien enfrente que conectase con mis emociones. Alguien quien, leyendo estas palabras, pensase “a mí me sucede igual” o “entiendo lo que quieres decir ”. Y eso simplemente para mí ya vale la pena, me libera, me descarga del peso de mi gran mochila.

Y quería contar hoy la fuerza reparadora que tiene un simple abrazo, más aún cuando este es totalmente inesperado. Ayer al despertar me sorprendieron así mis dos sobrinos. El mejor regalo que podía recibir. No soy dada a tener mucho contacto físico, pero en este caso, hablo del valor terapéutico del abrazo. Y es que, mientras me sentía abrazada por dos personas a las que quiero tanto, mi deseo era permanecer así para siempre. Inmortalizar ese momento. Sentir su cariño, su calor, ese abrazo que aunque aparentemente signifique un simple “te quiero “ a la vez significa tanto que es imposible ponerle palabras. El amor incondicional. El abrazo de “ahora estoy aquí contigo”. La fuerza reparadora de un simple abrazo.

“Un día alguien te va a abrazar tan fuerte que todas tus partes rotas se juntaran de nuevo.”
-Alejandro Jodorowsky-

Delicadeza

Supongo que no seré yo la única persona que en alguna ocasión ha tenido la sensación de que cuando algo sale bien parece que ha llegado la “buena racha” y por el contrario, cuando algo viene mal, utilizamos el típico dicho “no hay dos sin tres”. Esto último es lo que estoy atravesando en estos momentos, entre vaivenes de dolorosas noticias inesperadas y mi introspección durante la cual, los últimos acontecimientos acaecidos me han llevado a reflexionar sobre el sentido y significado de la vida.

Y es que en las últimas semanas, dos corazones jóvenes y fuertes se rompieron sin previo aviso. No sé si debido a la similitud de edad o la cierta cercanía con esas personas estos hechos me han conmocionado de alguna a manera. Vivimos con prisas, dando por hecho de que mañana será otro día cualquiera, sin apreciar la infinidad de cosas bellas que nos pasan a cada instante, como ese rayo de sol que por alguna extraña razón se nos antoja sofocante, ese chapuzón en el río que de niños tanto disfrutábamos y ahora nos resultaría helador o esa brisa que refresca nuestro rostro y, sin embargo, nos despeina la melena.

Quisiera regresar a mi niñez; aquella época en la que no había sufrimiento ni preocupaciones. Esa etapa en la que, cuando alguien cercano se iba, nuestros padres se encargaban de contarnos delicadamente que se había “ido al cielo” y esto nos llenaba de tranquilidad y esperanza de que “desde allí nos seguirá cuidando”.

Y dejando a un lado creencias y religiones (todas y cada una de ellas respetables), aquella etapa de niña terminó hace tiempo. Como todo el mundo, he sufrido pérdidas dolorosas y he transitado por el camino de la tristeza hasta que el tiempo ha ido cicatrizando las heridas. Pero en este caso en particular aún estoy más consternada por la forma en que me enteré de la última.

Después de dos días en la ciudad realizando trámites cotidianos, regresaba de nuevo con ansia al pueblo. Nada más salir de casa me encontré con un compañero de trabajo quien, abruptamente en cuanto me vio me dijo textualmente: -“Cristina, ¿sabes que se murió tu amiga?. – Todo se detuvo a mi alrededor por un momento. Mi primer impulso fue apoyarme en una pared por temor a que mi ansiedad me jugara una mala pasada. Aún sin saber a quién se estaba refiriendo, sentí la enorme necesidad de estar segura, de afianzarme a algo, de que el mundo no fuera tan rápido.

Después del impacto e intentando asimilar lo sucedido, no hacía más que preguntarme a mi misma cómo puede haber personas con tan poca delicadeza. Y aún hoy, un día después, es algo sobre lo que mi cabeza no puede dejar de ocuparse y preocuparse. Siento que se veces se habla de la vida y la muerte con demasiada ligereza. Si bien es cierto que estos temas ya no son tabú como antaño, creo que algo muy distinto es dar a conocer la muerte de alguien tan fríamente que aún me vuelva a preguntar a mi misma si me van a consolar con la típica frase “desde el cielo estará cuidándote”.

Quisiera regresar a mi niñez pero eso es imposible. Tan sólo pido un poco de delicadeza por favor.

“Cuida tus palabras, porque lo que para ti es algo insignificante, para otro es un daño.”
-Autor desconocido